LOS CANTORES DE QUILLA HUASI

LOS CANTORES DE QUILLA HUASI
Hoy, 10 del 12 de 2012 ha fallecido Carlos Lastra en Buenos Aires. En esta misma fecha y en su honor y en el de sus compañeros, en especial mi amigo, Roberto Palmer, comienzo este blog y así, el recuerdo a uno de los grupos fundamentales en la historia de la música de raiz folklórica argentina.

RAMON NAVARRO



HOMENAJE EN EL CONGRESO DE LA NACION - 2005

Reconocimiento a Ramón Navarro

Un momento único e inolvidable se vivió el martes 17 de mayo en el Salón de los Pasos Perdidos de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, dentro del edificio del Congreso Nacional. Pocos minutos después de las siete de la tarde, se dio comienzo al acto cultural donde se reconoció la trayectoria del artista riojano Ramón Navarro.

            Entre los asistentes a semejante suceso, estuvieron presentes, entre otros, Jorge Viñas, Ariel Ramírez, Eduardo Falú, Vitillo Ábalos, Carlos Lastra, Luis Aguile, Teuco Castilla, Oscar Fresedo, Eugenio Inchausti, Jorge Marziali, Onofre Paz, Atilio Stampone y Federico De La Vega. Un centenar de personas completaban la capacidad del lujoso salón. El público estaba expectante. “Es un rezo a un pueblo”, comentaba un hombre a su esposa, mientras escuchaba “Mi Pueblo Azul”, obra de Navarro, que sonaba suave en uno de los parlantes del lugar a la espera del comienzo del acto. El hombre sacaba su pañuelo y secaba sus lágrimas.

            “Buenas noches, bienvenidos a nuestro ciclo Voces de las Provincias, a esta nueva edición, en el que convocamos a grandes figuras de nuestra música popular dialogando con aquellos músicos jóvenes que pertenecen a nuestra vanguardia, a nuestro folklore, a nuestra música. En este ciclo, nos proponemos homenajear a las figuras centrales de nuestra música”, arrancaba Gustavo Mozzi, el coordinador del área de cultura de la Cámara de Diputados de la Nación. “En este caso decidimos reconocer a Ramón Navarro que ha compuesto obras que pertenecen a nuestra cotidianeidad, que de alguna manera pasaron a ser obras que uno ya no sabe de quien son porque son parte de nuestro mundo cotidiano. Ramón Navarro es uno de los más queridos de nuestro medio, y esto está demostrado en la primera fila que está completa de grandes glorias de nuestra música popular”, completaba la bienvenida Mozzi mientras que Falú, Ramírez y Ábalos eran espectadores de esa primera hilera.

            La familia del poeta Héctor David Gatica, hombre que ha compuesto la “Cantata Riojana” junto a Navarro, también se adherían al reconocimiento. Otra familia que también lo hacía era la de Armando Tejada Gómez, a través del centro cultural que lleva su nombre “participaban de tan merecido homenaje, saluda al amigo, gran cantor y músico Ramón Navarro, que supo pintar de azul a su pueblo, como Armando lo hizo con su zamba. Ambos compartieron la amistad y la autoría de varios temas”.

TRANSCURSO

            El Salón era custodiado desde lo más alto de los cuatro laterales por los escudos de cada una de las provincias que conforman la República Argentina. El escudo de La Rioja estaba justo, casi al lado del escenario, como fiel testigo del reconocimiento a un artista que supo llevar su tierra por todo el país y parte del mundo.

            Sandra Ceballos fue la locutora que condujo el evento e hizo una breve reseña de la vida artística de Navarro, mientras que se preparaba la sucesión de artistas que iban a interpretar las obras de maestro riojano. Instantes antes de esa bella maratón, se leyó “Manual de la Baguala”, un texto del Ariel Ferraro: “Como la flor de la luna, la baguala ha elegido la noche para nacer, crecer y morir. Madurada en la pena y en la sabiduría, amarra sus raíces en el mugrón del vino, y se va por la boca del hombre que la canta, como la mano sola del árbol hacia arriba. En la jaula de la luna del bombo solitario, crece golpe tras golpe toda su hechicería, se hace estrella de llanto y alumbra en la saliva gritos de brote duro, de imbricación y arrimo. La seguirán cantando hasta el alba los hacheros, y hacia los cuatro rumbos derramará el delirio, pero cuando el rocío lama el follaje ciego y en las botellas muertas venga a mirarse el día, será ceniza rota su sabia condolida, y morirá en la lumbre la flor del coplerío”.

SUCESIÓN ARTÍSTICA

            Oriundo de la provincia de Buenos Aires, de la localidad de Olavarría, compositor y arreglador, que supo acompañar a tantos artistas como Astor Piazzolla, Horacio Salgán, Chabuca Granda. El pianista Oscar Alem era el primer artista en subir a saludar musicalmente al maestro riojano Ramón Navarro. Su piano sonaba claro y fuerte en el salón donde los pasos parecen perderse. “Chayita del Vidalero”, era la primera “criatura” de Navarro que empezaba a soltarse desde el escenario. El maestro reconocido, lo escuchaba desde la primera fila con gran admiración.

            Luego de la primera interpretación de Alem, subió al escenario Laura Albarracín, artista nacida en la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires. Para cantar eligió dos: “Chaya de los Pobres” y “Coplas del Valle”. “Dos cosas muy buenas me van a pasar esta noche: agradecerle en canción a Ramón porque es una de las personas que yo digo que uno pudo encontrar en esta cosa de cantar, que se junten el valor musical con el valor humano. Eso lo agradeceré eternamente. Así que gracias por poder devolverle esta noche con mi presencia, algo de sus canciones. Muchas gracias Ramón”, decía Laura al borde de la emoción.

             Laura se baja del escenario y Alem interpreta un tema más de Navarro. El clima de fiesta y alegría se había generado inmediatamente en el salón oscuro. Emociones y recuerdos que ponían la piel de gallina minuto a minuto. En el intervalo, mientras se preparaban los instrumentos para la próxima artista, se leyó una carta: “Ramón: me es imposible en este homenaje que seguro te mereces, porque estoy en Los Angeles grabando parte de mi disco. Nunca canté una canción más linda que Mi Pueblo Azul. Es más, estoy pensando en hacer una nueva versión para un próximo disco porque te aseguro que a todos los que nacimos en un pueblo chico en esta argentina, no hay canción que nos identifique más que Mi Pueblo Azul. Te mando un abrazo grande, te deseo lo mejor y contá conmigo”, escribía desde lejos León Gieco.

            El actor Rubén Stella fue convocado al escenario y decía: “En verdad, francamente conmovido ante quien con la difícil sencillez, logró pintar al hombre universal desde su lugar, desde su aldea. Así que Ramón, si logro leer esta pequeñísima letra que tiene este papel, para vos, con todo mi cariño, respeto y admiración”. Acomodaba su papel y leía: “Cielo de alfarero. Millares de muchacha de porcelana nueva se han vestido de luto por el viejo alfarero. Las tazas han tocado silenciosas campanas por el tacto del hombre que lloran las aldeas. Ha muerto. Sí. Ha muerto, más no por ello ahora descansarán sus brazos, pues mientras se lo llevan, por entre viejos robles, hay once ruiseñores, que mueven en la siesta el torno de la música que le anticipa el cielo”.
           
            A un costado del escenario un cuadro llamaba la atención. Un óleo azul reflejaba una montaña, árboles, una Iglesia y sobre todo eso, en primer plano, el rostro de Ramón Navarro empuñando una guitarra. “Ramón de Chuquis”, tal el título del trabajo que en el año 2002 hizo Julio C. Agüero, autodefinido como “pintor autodidacta”, de la localidad de Chilecito, en La Rioja.

Si hay una artista completa esa es la cordobesa Suna Rocha. Siempre fresca y alegre, Suna es una de las artistas más importantes de nuestra música popular argentina. “Muy buenas noches. Realmente para mí es un honor estar esta noche con todos ustedes, compartiendo este merecidísimo reconocimiento a un querido amigo, a una persona extraordinaria, porque como ser humano es un hombre extraordinario. Y qué vamos a decir como autor, como compositor. Uno de mis privilegiados... yo vengo grabando a Ramón Navarro desde hace varios años y es por eso que los dos temas que voy a grabar, creo que los grabé a los veintinueve años, y los sigo cantando en el mismo tono, así que disculpen si termino agarrada del techo cantando (risas) Están muy altos...”. “Porque su esperanza nunca tuvo miedo, ahí va el rey del hacha, quitate el sombrero, que ahí va por la tarde Don Rosa Toledo (...) Y para las penas inventa alegrías, y su voz de árbol, áspera y caliente, se le vuelve tierna, si dice María...”, era un fragmento de “A don Rosa Toledo”, la primera interpretación de Rocha, que pertenece a Ramón Navarro y a su hijo. “Y eso tiene la canción popular de hermoso, y es que los autores pueden contar la vida tan maravillosamente como lo hacen, de personajes reales de carne y hueso, de gente que existe, de gente que se levanta a la mañana temprano a hacer este bello país. Seguramente, yo no le pregunté a Ramón con quien muchas veces he charlado, si él conoció a este personaje, ¿si? (miraba y preguntaba a Ramón y este afirmaba). Como a todos los personajes que él ha musicalizado o les ha escrito tan bellamente. Yo siempre digo que Ramón es un hombre que redondea, los músicos me van a entender, tan bien los temas con su letra y les pone la música justa, eso sentimos nosotros los intérpretes, de que pone la música que va en esa letra. Gracias Ramón, por darnos tanta belleza”, expresaba emocionada Suna. “Otra mujer, La Palliri, la mujer que junta de la mina del socavón el hierro que ustedes ven, en esas vasijas de barro manchadas, con una mancha negra, ese es el hierro que ella muele, al decir aquí de Manuel José Castilla, con su martillo. En esta bella poesía y que Ramón ha musicalizado tan bellamente”, introducía Suna justamente a “La Palliri” otra de las obras de Navarro que musicalizó sobre la poesía de  Manuel José Castilla.

            Gran cantidad de nuevos y no tan nuevos valores de la cultura musical riojana han pasado por Buenos Aires en los últimos tiempos. Por suerte, los hemos podido conocer y reconocer. Entre otros: Ramiro González, el dúo Palo Santo, Lapacho Dúo, La Rioja Trío, Libre Voz, Pancho Cabral, Emiliano Zerbini, La Bruja Salguero y el ya desaparecido y recordado Chito Zeballos.

            Uno de los valores que surgieron en este último tiempo en la provincia de La Rioja, es Carlos Ferreyra, recitador y reconocido por algunos como sucesor artístico del Chito Zeballos. En guitarra lo acompañó Hugo Casas, productor de la “Cantata Riojana”, músico y productor discográfico. “Muy buenas noches. Feliz y emocionado de poder compartir nuevamente, porque ya la vez pasada se le ha hecho un reconocimiento similar, allá, en la provincia de La Rioja, en el cual también participamos muchos y algunos quedaron allá, pero le traemos el saludo, el cariño y el afecto de uno de los representantes más importantes que tiene nuestra música. Don Ramón, muchísimas gracias por su música, por su Cantata Riojana, por todo lo que significa para nuestra música y para nosotros, los cantores que llevamos su imagen como una bandera”, saludaba Ferreyra e introducía poéticamente a su primera interpretación: “Patios de la Casa Vieja, el de la Rosa china y el limonero, del de la morera y del jazminero, el del parral junto a la cocina de los matecitos conversados. Patios que fueron callados testigos de bulliciosas esperanzas, de sueños y de ilusiones que el tiempo fue dulcemente enhebrando, para cubrir este manto que dulcemente baja a cobijar los años, a cubrir las distancias, a calentar el alma hasta marcar a fuego un recuerdo limpio y nostalgioso, que va prendido a mi vida y va dictando este canto...”. Como segunda interpretación, luego de la primera zamba que pertenece en letra y música al propio Navarro, Carlos Ferreyra eligió la “Chaya del Corcelito”, que el maestro riojano compuso junto a su hijo: “Yo soy cantor de vidalas, también me gusta opinar. Chayar es lindo en mi tierra, pero no es solo chayar. No confundo la alegría con el vino amontonado, de la primera soy dueño y de la segunda esclavizado...”. Lucio Navarro, era el encargado de la percusión de las dos interpretaciones del riojano.

            Gabriela  Navarro, sobrina de Ramón, en nombre de toda la familia, leía un texto emotivo, de Ramón Navarro (h), en reconocimiento al maestro.

UNA ENTREGA ESPECIAL

             Permaneció sentado en primera fila observando cada movimiento de los artistas. Habló algunas cosas con Ramón Navarro y poco con Ariel Ramírez. El salteño Eduardo Falú fue el encargado de entregarle la placa reconocimiento al artista riojano. “Ésta noche venía de escucha nomás, pero... ya me están haciendo hablar aquí. Realmente privilegiado para mí entregarle este recuerdo de este momento, de este día tan importante para Ramoncito, que se celebran, que se reconoce toda la trayectoria a la labor como poeta, músico, compositor,  en fin. Y como amigo siempre, que lo tenemos allí en SADAIC,  en el directorio, con nuestra inquietud y todo lo que se puede hacer por los autores y compositores. Así que me da mucho placer Ramoncito, entregarte esta cosa”, decía Eduardo Falú y Ramón se acercaba al atril: “Gracias hermano... difícil ponerme a tu altura (risas). No cabemos los dos acá (más risas y aplausos de los asistentes)”.

CIERRE IMPECABLE

            Para el final el grupo Huerque Mapu fue el encargado de redondear una tarde noche inolvidable para el gran historial de la música popular argentina de raíz folklórica. “Buenas noches, para nosotros es más que un honor estar en este lugar y nada más ni nada menos que homenajeando al maestro”, expresaban sobre el escenario, antes de hacer la primera interpretación, la “Zamba del Cercador”, que le pertenece en la poesía al poeta Ariel Ferraro y en música a Navarro. Fue uno de los momentos más emotivos: por primera vez, en el acto, se interpretaba “Mi pueblo azul”. “Me toca por las generales de la ley, ya que es un homenaje que Ramón le hizo a ese pueblo, que queremos tanto desde la infancia a Chuquis, el pueblo donde nací y no hay nadie mejor que él para decir una glosa”, comentaba Lucio Navarro, uno de los integrantes del conjunto.

El salón vibraba por los aplausos y la ovación del público, mientras que el gran maestro riojano se acercaba a recitar sobre su obra: “Cuando me miro adentro, cuando me siento el alma, renacen cerros y cielos azules. Y renace mi pueblo o tu pueblo, ese lugar del que nunca partimos porque es imposible alejar el alma de la mágica región donde aprendimos a querer la vida. Donde vivió nuestra infancia, los secretos, callejones, las lágrimas, las largas calles sin nombre, el río seco con su lecho de piedra bramador con las crecientes, las manos y la trenza de doña Rosario. Los ojos de mi gente, con esa mirada de indagar en silencio...”. Huerque Mapu interpretaba el tema más reconocido de Ramón Navarro.

PALABRAS PARA SIEMPRE

            “Antes que cantemos la zambita, quería de todo corazón agradecer la presencia de mis queridos colegas que han venido esta noche de todo corazón, como así a todo el público presente, a los amigos. Lamento la ausencia de algunos que lamentablemente no han podido venir. Por suerte hay parte de mi familia de La Rioja, está mi familia de acá de Buenos Aires. Quería decir de que el hecho de que esto transcurra, este reconocimiento transcurra en este escenario, en este lugar, quisiera decirles simplemente dos cosas, que vienen ahora a mi memoria: en primer lugar, que agradezco profundamente esto, como ya lo dije antes, nosotros los que hacemos música, los que hacemos esto, somos creadores, pero también somos criaturas. Y de alguna manera tenemos, llevamos en nosotros, los dictados, los mandatos, para muchos de Dios, para muchos y para todos los mandatos de la naturaleza y para otros, la mayoría, para todos los que se legislan en este lugar, entonces esta aproximación del canto, de la música con los legisladores me parece que está muy bueno, que es una buena idea. Yo creo que juntos, en este país vamos a encontrar el camino de la belleza que es el camino de la verdad y que es el camino definitivamente de la justicia social. Muchas gracias a todos por la presencia”, decía para dejar firmada la historia el riojano Ramón Navarro. 

            Todos los artistas que participaron cantando en este reconocimiento subieron al escenario, para interpretar todos juntos las “Coplas del Valle”. Muchísima emoción. Un momento histórico, esos irrepetibles. La fuerza que expulsaba el canto y la energía del ambiente obligó a un bis: “Chayita del Vidalero”.   
                                                                                              
                                                                       Escribe para FolkloreCLUB: Diego Vázquez Comisarenco
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